Una primera señal de alerta fiscal y los nuevos desafíos para el segundo semestre

El ancla fiscal ha sido, desde el inicio de la actual gestión, la piedra angular de todo el esquema económico y la variable que se procuró preservar por encima de cualquier otra. Por eso, el último dato que se conoció merece una atención especial. En junio, las cuentas del sector público nacional arrojaron un déficit primario de $ 696.843 millones de y un rojo financiero de $ 1.024.891 millones una vez computados los intereses de la deuda.

Lo llamativo no es tanto la magnitud del déficit como su carácter excepcional, ya que se trata del primer resultado primario negativo de toda la administración fuera de un mes de diciembre, aunque junio también estuvo atravesado por factores estacionales, como el pago del medio aguinaldo a jubilados y pensionados.

Conviene, de todos modos, poner el dato en su justa dimensión para no caer en lecturas apresuradas. Un mes en rojo no derrumba el balance de todo un semestre. De hecho, el acumulado de la primera mitad del año todavía exhibe un superávit primario equivalente al 0,6% del Producto y un superávit financiero del 0,1%.

Aunque el acumulado del primer semestre continúa siendo positivo, alcanzar la meta anual pactada con el Fondo Monetario Internacional —un superávit primario equivalente al 1,4% del Producto— exigirá un desempeño fiscal más sólido durante la segunda mitad del año.

¿Qué explica el resultado adverso de junio? La respuesta tiene dos componentes, uno del lado de los ingresos y otro del lado del gasto. En materia de recursos, la recaudación profundizó la tendencia declinante que venía mostrando, con una caída real del 8,5% en la comparación interanual.

Buena parte de ese retroceso se explica por un factor puntual, la postergación hacia julio del vencimiento del impuesto a las ganancias que habitualmente se cobra en junio, lo que hundió la recaudación de ese tributo un 20% en términos reales.

Es decir, una porción del deterioro responde a un corrimiento de fechas más que a una pérdida genuina de ingresos, aunque el fenómeno de fondo, la debilidad de los recursos tributarios, es real y persistente.

Fuente: Cronista departamento Arte
Francisco Marotta

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